Publicado el 28 de Marzo de 2025 en Posgrado

Sanidad y rentabilidad en riesgo por el avance de parásitos en bovinos

Se estima que este grupo de organismos externos e internos producen anualmente en la Argentina pérdidas en el ganado que superan los 500 millones de dólares

La producción bovina en Argentina se encuentra en una encrucijada, donde el control de parásitos resulta fundamental para mantener la rentabilidad del sector, pero a la vez reducir el uso masivo de las drogas antiparasitarias y utilizarlas en forma estratégica para, así, mantener la sustentabilidad del control químico.

En el centro y norte del país, que concentran más del 90% del rodeo nacional, la evolución de estos organismos generó una creciente resistencia a los tratamientos convencionales, obligando a productores y asesores agropecuarios a replantear estrategias de manejo sanitario. Así lo advierten desde nuestra Especialización en Producción Bovina de la Escuela de Posgrado de la Universidad Católica de Córdoba.

Impacto de los parásitos en la actividad ganadera

"En conjunto, se estima que los parásitos, tanto externos como internos, que afectan a la producción bovina producen anualmente en la Argentina pérdidas que superan ampliamente los 500 millones de dólares", estima Oscar Anziani, docente del módulo de Sanidad de la carrera de posgrado que abre una nueva cohorte en mayo.

Entre los parásitos que más afectan la economía ganadera se destaca la garrapata común del bovino (Rhipicephalus Boophilus microplus). Este ectoparásito, de naturaleza hematófaga, se distribuye principalmente en regiones tropicales y subtropicales del noreste y noroeste, provocando no solo pérdida de peso y deterioro en la calidad de los cueros, sino también por la transmisión de enfermedades que cursan con alta mortalidad como la babesiosis y la anaplasmosis. Además, otros parásitos externos como los ácaros causantes de sarna (Psoroptes ovis var. bovis) y los insectos responsables de la miasis (Cochliomyia hominivorax) agravan la situación.

Entre los parásitos internos, los nematodos gastrointestinales de la familia Trichostrongylidae son cosmopolitas y representan otro desafío, afectando severamente la performance animal por las severas pérdidas clínicas y subclínicas en la producción de carne y leche.

El surgimiento de la resistencia

“El control químico es actualmente imprescindible e insustituible para mantener los niveles de productividad que hoy posee la producción bovina nacional”, señala Anziani.

Sin embargo, el uso masivo y, en ocasiones, indiscriminado de estos fármacos aceleró el fenómeno de la resistencia. “Esta resistencia se manifiesta cuando los parásitos, sometidos a un estrés continuo por la aplicación constante de los mismos principios activos comienzan a desarrollar mecanismos de defensa que les permiten sobrevivir y transmitir dicha resistencia a sus descendientes”, explica Anziani.

Como resultado, la eficacia de los tratamientos se ve comprometida, lo que puede llegar a provocar la muerte de los animales o, en otros casos, pérdidas subclínicas que impactan directamente en la rentabilidad por menor ganancia de peso y productividad animal.

A la vez, el auge de productos genéricos de bajo costo contribuyó a este escenario, intensificando el uso de determinados antiparasitarios sin un adecuado asesoramiento técnico, lo que generó una dependencia excesiva del control químico en el manejo de los parásitos externos e internos. La consecuencia es un ciclo en el que, a medida que se agotan las alternativas terapéuticas, se incrementa la vulnerabilidad de los bovinos frente a los parásitos, “cuya capacidad de adaptación para desarrollar poblaciones parasitarias resistentes resulta prácticamente inexorable”, en palabras del especialista.

Por esta razón, la mayor preocupación actual es el desarrollo y diseminación de poblaciones de parásitos con resistencia a múltiples drogas simultáneamente.

Hacia un manejo integrado y sustentable

“Es obvio que la completa dependencia en tratamientos frecuentes debe ser cambiada por alternativas más sustentables que integren tecnologías de procesos, disminuyendo el uso de antiparasitarios sin que estas prácticas afecten la productividad o el bienestar animal”, reflexiona Anziani.

Sin embargo, integrar procesos y actividades de manejo que dependan menos de los químicos, son más complicadas y difíciles de implementar. Se requiere de información actualizada y consistente sobre epidemiología de las especies parasitarias locales y regionales actuantes, sus interacciones con diferentes biotipos y razas, tamaño de rodeos y diferentes sistemas productivos, así como la eficacia real que está logrando cada droga en el campo.

Vale mencionar que el desarrollo de nuevas moléculas que sean efectivas y seguras para el consumo de carne y leche es un proceso complejo y costoso, además de “muy lento”. Los estudios en esta área requieren que se garantice la baja toxicidad tanto para los animales como para los operadores, además de asegurar la ausencia de residuos en productos de consumo. Por ello, la innovación en el control parasitario debe ir de la mano con la actualización constante de los conocimientos de los productores y asesores, así como con la implementación de protocolos de manejo que permitan una aplicación racional y específica de los fármacos.

En resumen, “los fenómenos de la resistencia antiparasitarias son muy cambiantes, dinámicos y complejos. Por ello, para el manejo de los mismos en el campo es crítica la actualización y capacitación permanente, y así lograr un correcto asesoramiento profesional”, concluye Anziani.

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